Crítica de «Profesión Peligro» de David Leitch (2024)

Una comedia de acción de gran presupuesto solía sugerir un éxito relativamente asegurado, pero en los últimos años varios estudios se han mostrado reacios a apostar fuerte por este tipo de propuestas. Si alguien puede ser la solución ideal para volver a llevar al género a tener esa convocatoria lógicamente multitudinaria, ese es Ryan Gosling. Pero, ¿está la película a su altura?

La trama sigue al ex doble de acción de una de las estrellas más grandes del planeta, que termina aceptando regresar a su antiguo rol al ser solicitado personalmente por su ex pareja (Emily Blunt) para ayudarla a cumplir su sueño de dirigir su ópera prima. Tras viajar al otro lado del mundo nuestro protagonista va a encontrarse no solo que ella no tiene idea de que le pidieron que se sume a la producción, sino que ni siquiera fue llamado para realmente trabajar en la película sino para encontrar a la superestrella de la cual solía ser doble de riesgo (Aaron Taylor-Johnson).

Como excusa para entregar desde sonrisas hasta carcajadas, intensas secuencias de acción e incluso algo de romance más que simpático, la narrativa es bastante efectiva. Quizás la tarea más ardua para el guion es prepararle a Gosling un rol que no solo le permita explotar todo su usual carisma y gracia sino hacerlo mientras lo coloca exitosamente en un papel que genere simpatía por sí mismo más allá de su intérprete. El guionista Drew Pearce lo hace con creces: su protagonista está, en mayor o menor medida, probándose a sí mismo que el accidente que lo alejó del cine no fue su culpa, que es físicamente capaz de volver a trabajar de la misma manera, que la estrella del que es doble de acción no tiene porqué creerse más que él y que el romance que supo tener con el personaje de Emily Blunt. En algunos de estos puntos es más válido el intento claro de que así sea que lo que termina ejecutándose en pantalla en base a esa idea, pero este híbrido entre la precisión abarcativa de un guion de comedia con el de estructuras modulares (y de sin embargo ritmos precisos) que requiere el guion de acción termina saliendo más que airoso de su algo ambiciosa propuesta.

Es cierto que la particular personalidad que irradia como intérprete Gosling, en un estado totalmente de gracia luego del mega hit que fue «Barbie», se encarga a grandes rasgos de maquillar cualquier traspié narrativo o de dirección y reforzar todo lo bueno del filme, pero también lo hace gracias a ser tan bien escudado por los demás nombres del elenco. Tanto Blunt como Taylor-Johnson, en quizás su rol más colorido desde «Kick-Ass», hacen lo suyo de forma esperable pero es para destacar como el director David Leitch («John Wick», «Deadpool 2», «Bullet Train») ha acertado con la elección de otros intérpretes satelitales a los que potenció en participaciones que oscilan entre secundarias y prácticamente cameos. A Winston Duke («Black Panther», «Us») le pide en menor medida que haga lo suyo con la acción pero principalmente que muestre su carisma para la comedia, a Stephanie Hsu («Everything Everywhere All At Once») le pidió algo similar de forma más equitativa y logró una participación memorable con apenas minutos en pantalla. Completar roles pequeños con actores con capacidad para la acción no solo le solventó varias secuencias sino que les dio una plataforma para mostrar algo más de rango de lo que suelen permitirles, convirtiéndolos incluso en papeles que se sienten más medianos que otra cosa.

Como película de acción no defrauda a los fanáticos del género o del mismo Leitch, aunque no trasciende lo que su alto presupuesto podía prometer estrictamente en cuanto a secuencias de acción hablamos, mientras que como comedia logra un disfrute bastante parejo gracias al indudable carisma de Gosling y a una dirección dramática algo menos errática de lo usual por parte de Leitch. Quizás su mayor acierto sea de todas maneras no solo enfocarse en el romance que se intenta recuperar con el personaje de Blunt sino hacerlo a través de interacciones entre ambos que son casi en su totalidad tan graciosas como los mejores momentos de los últimos 10 años de comedias románticas. Dicho eso, en donde más falla la película es en su manejo del ingrediente cinéfilo para adictos del detrás de escena que trae inherentemente esta película sobre dobles de riesgo, con un sinfín de referencias muy superficiales a varios ejemplos pop del séptimo arte al igual que momentos que revolean la experiencia entre un simpático vistazo al cine tras las cámaras y una completa fantasía que parece construida por gente totalmente ajena a la producción cinematográfica en lugar de creativos que trabajan en esa industria. No es que arruine la experiencia ni mucho menos, pero deja de lado una porción bastante grande del potencial encanto del concepto.

El tiempo dirá si la peli alcanza un éxito a la altura de sus ambiciones, o si logra mantenerse en la memoria de las audiencias más allá de su relevancia temporal luego de su estreno y luego lanzamiento hogareño. Por lo pronto, colabora con una década en la que el valor de la industria por el trabajo de los dobles de riesgo y coreógrafos de acción se ve cada vez más llevando al frente. Quizás eventualmente veamos estos años como una previa lógica a que finalmente se le dé el lugar merecido con una categoría en los Oscars por ejemplo, pero mientras tanto se logró crear una experiencia pochoclera un poco menos ligera y efímera que el mediocre promedio al que se nos intenta acostumbrar.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Leandro Porcelli

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