Crítica de «The Royal Hotel» de Kitty Green (2023)

La directora Kitty Green nos sorprendió con la película «La Asistente» (2019), donde se mostraban los abusos en la industria cinematográfica de los altos ejecutivos a secretarias, asistentes y todo tipo de rol ocupado por una mujer que recién arrancaba en la industria (estaba basada sobre la figura de Harvey Weinstein, pero sin nombrarlo directamente). En esta oportunidad la directora australiana continúa dando pasos firmes dentro del ámbito de la ficción (venia del ámbito del documental) con «The Royal Hotel», una obra que sigue abordando las temáticas de su trabajo anterior, pero desde otra perspectiva más combativa y bastante directa.

Algo interesante que tenía «La Asistente» era como por medio de la omisión o de la sutileza de su puesta en escena, Green lograba generar una atmósfera opresiva alrededor de su personaje original, haciendo que todo el tiempo el espectador se sienta amenazado con la posibilidad de que en cualquier momento suceda algo terrible. En «The Royal Hotel» el camino que toma la autora es completamente el inverso, generando un terreno visiblemente hostil y tan excesivamente peligroso que la sensación de riesgo también es inminente, aunque sin dejar nada librado a la imaginación o al trabajo deductivo de la audiencia. Probablemente, todo esto halle su raíz en el hecho de que cierta parte de la crítica y del público había declarado que el film anterior era muy poco incisivo y de bajo perfil siendo un momento no demasiado propicio para las sutilezas.

Esta crítica superficial que le habían hecho a la película no solo denota un poco el momento preocupante que atraviesa el cine sino una clara tendencia ante la falta de comprensión o incluso de interés de las masas por pensar sobre lo visto. Willem Dafoe hace unos días recibió su estrella en el paseo de la fama y señaló que se perdió la conversación o charla post visionado de una película en el cine entre los concurrentes a las salas. Sin irnos más por las ramas este contexto explicaría un poco el radical cambio entre la primera y segunda propuesta de ficción de Green, que vuelve a dirigir una producción australiana. Julia Gardner vuelve a protagonizar junto a Jessica Henwick componiendo a dos amigas norteamericanas (Hanna y Liv) que se encuentran viajando como mochileras por Australia. Al quedarse sin dinero acuden a una agencia de «Work and Travel» para ver si pueden conseguir un trabajo temporal que les permita seguir con su viaje. El dúo termina trabajando como baristas en un pub de un hotel de mala muerte que queda en una remota localidad minera. Tanto Billy (Hugo Weaving) como los lugareños hacen todo lo posible para demostrarles la misoginia imperante en el Outback australiano.

Como bien mencionamos antes, se deja de lado la sutileza, pero igualmente la directora no deja de lado su ingenio ni el cuidado de sus personajes para poder establecer un relato convincente, contestatario y lleno de aristas que nuevamente nos presenta a una maravillosa Julia Gardner en el rol protagónico. Lo más atractivo es que también cambia por completo la reacción del personaje frente a la situación, tomando una actitud fuerte y atravesada por el cambio, no solo de mentalidad de los últimos años que pasaron desde el inicio del #MeToo, sino también del contexto sociocultural que se vive hoy en día. Aun así Green demuestra que en ciertos sectores de la sociedad australiana (que también se puede transpolar al terreno global) del interior profundo y semiárido, algunas cosas no cambiaron tanto como en las grandes ciudades cruzadas por la globalización y el progresismo.

«The Royal Hotel» sigue demostrando la mirada incisiva e inteligente de Kitty Green como realizadora más allá de incurrir en un terreno más literal que en su obra anterior.  Asimismo, la forma de trabajar el suspense, así como también el manejo de la tensión y del peligro inminente lo supo mantener con astucia y con una puesta en escena más que atractiva.

Puntaje:

 

 
Tráiler:

 

Martín Goniondzki

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