Crítica de «Venom» de Ruben Fleischer (2018)

Ruben Fleischer («Zombieland») es el encargado de entregarnos esta primera aventura del villano/antihéroe que marcará el inicio del Spiderverse que tiene planeado lanzar Sony para competir contra el resto de los estudios en materia de películas comiqueras.

«Venom» es un film que tuvo que atravesar varios inconvenientes para llegar a la pantalla grande. El proyecto viene figurando en las carpetas del estudio hace diez años y por algún motivo nunca llegó a concretarse hasta la fecha de hoy. Obviamente, cuando se confirmó la producción de la primera entrega del simbionte más querido de Marvel, las expectativas se dispararon al mismo tiempo que recordaron al público su fallida presentación en «Spider-Man 3» (2007) de Sam Raimi. La incertidumbre fue acompañada de la buena noticia de que el protagonista de la historia iba a ser Tom Hardy («Mad Max: Fury Road»), uno de los actores más prolíficos y destacados de la actualidad. Con el talento ubicado tanto detrás como delante de cámara y sabiendo que en los roles secundarios iban a estar grandes intérpretes como Michelle Williams («Blue Valentine»), Riz Ahmed («Rogue One») y Jenny Slate («Zootopia», «Parks and Recreation»), la expectativa fue creciendo. Sin embargo, los trailers comenzaron a dejar algunas dudas al mismo tiempo de que se confirmó que el largometraje sería para un público +13 en lugar del inicialmente prometido +18.

La cinta cuenta la historia de Eddie Brock (Hardy), un periodista que lleva tiempo intentando desenmascarar al creador de la Fundación Vida, el famoso genio científico Carlton Drake (Ahmed), una obsesión que ha arruinado su carrera y su relación con su novia, Anne (Williams). Al investigar uno de los experimentos de Drake, el ente alienígena Venom se fusiona con el cuerpo de Eddie, y el reportero adquiere de pronto nuevos e increíbles superpoderes. Retorcido, oscuro, impredecible e impulsado por la cólera, Venom obliga a Eddie a luchar por manejar unas habilidades sumamente peligrosas que, al mismo tiempo, también resultan embriagadoras y le hacen sentir poderoso. El extraterrestre busca un cuerpo donde habitar para controlarlo y poder alcanzar el objetivo de volver a su planeta y regresar con sus pares y “devorarse” nuestro mundo. No obstante, ambos deberán unir fuerzas para acabar con Drake cuya ambición lo lleva a fusionarse con el simbionte conocido como “Riot”. Dado que Eddie y Venom se necesitan mutuamente para conseguir lo que quieren, se van entremezclando cada vez más, sin saber dónde termina uno y dónde empieza el otro. El relato está levemente basado en el arco comiquero de Venom titulado “Lethal Protector”, donde el simbionte hacía las paces con Spiderman y prometía comportarse siempre y cuando lo dejara solo y no lo siguiera a San Francisco que iba a ser su nuevo hogar, lugar donde iba a ser cazado por otros simbiontes y donde Spiderman iba a tener que interceder para ayudar. Como bien sabemos, este film no cuenta con la participación de Spiderman por lo que cambiaron el origen del villano y directamente lo delinearon como el antihéroe que comienza a ser por un tiempo acortado luego de los eventos de este comic antes mencionado.

Viendo el resultado en pantalla y dejando de lado todo tipo de preconcepto, podemos decir que la cinta es una mezcla heterogénea y realmente caótica que no termina de alcanzar una dirección acertada a la cual aferrarse y concluye desbarrancando de la peor manera. El film de Fleischer tiene un serio problema tonal que ocasiona varios momentos absurdos, grotescos y/o exagerados que descolocan al espectador. En el comienzo parece que nos encontramos ante un film más “adulto” que coquetea con el terror, sin embargo, a los pocos minutos esto queda descartado con ciertos instantes en los que se incurre en gags demasiado banales que no aportan nada e intentan emular el humor de Marvel Studios, pero desde una perspectiva aún peor. Luego, el público se verá invitado a ser testigo de la clásica reproducción de las películas de inicio de superhéroes que se hicieron tan populares en los años 2000, donde se estaban dando los primeros pasos en esta materia (descartando las películas de Batman y de Superman 80 y 90), por lo que es todo bastante convencional y trillado. Además, sumemos que el villano está desdibujado y no logra representar una fuerte oposición o contrapartida que se oponga al protagonista.

Venom es primero villano y luego antihéroe, es por eso que más allá de que es una adaptación y no un comic, resulta ser de poco interés todo lo que se nos narra en el film, más que nada porque Venom es lo que es gracias a su odio o su obsesión por Spiderman. Spiderman es lo que le da motivaciones o un carácter al personaje de Venom y a su Eddie Brock. En la cinta que nos reúne en esta ocasión, Venom parece más un héroe que un villano y sus motivaciones (desdibujadas), al igual que su comportamiento, es siempre el de una persona conflictuada pero con un trasfondo bonachón.

Tom Hardy es un gran actor y podría llegar a funcionar en alguna comedia, pero su histrionismo y su talento interpretativo se ven amenazados por un guion sin rumbo, plagado de lugares comunes y de sobreexposicion de información, al igual de que cuenta con varios “Deux Ex Machina” que no hacen más que profundizar la crisis narrativa del evento. Su relación de duo dinámico con el simbionte no hacen más que acrecentar ese sentimiento de sobreactuación que trae aparejada esa relación de Dr. Jekyll y Mr. Hyde que mantiene con sí mismo, e incluso que se ve empeorada por los gags y los diálogos absurdos que mantienen entre ellos.

Respecto a la técnica, la dirección de fotografía se ve volcada a esta estética más oscura y terrorífica que nunca termina de realizarse, acrecentando ese sentimiento de problema de tono que tiene la película. La edición es otro de los problemas que tiene el film, haciendo que en las secuencias de acción muchas veces perdamos la referencia de lo que está pasando debido a una pobre fragmentación del espacio escénico. El CGI es otra de las fallas que presenta el largometraje, con varios momentos en donde se nota el artificio y se ve demasiado falso todo lo relacionado con los simbiontes y las peleas entre las criaturas.

Finalmente, podemos decir que «Venom» resulta ser aquel deslucido relato que adelantaban los trailers debido a una pobre ejecución tanto a nivel técnico como narrativo y que falla principalmente en la búsqueda de su identidad y su público. «Venom» es un producto que parecía más afín a un público más adulto como el de «Deadpool» (2016) pero que, seguramente, por cuestiones económicas el estudio rechazó. Un personaje que necesita de su otra mitad, Spiderman, para equilibrar la balanza.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Martín Goniondzki

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