Israel Adrián Caetano: «En este país, la barra brava es casi gente de bien»

«Puerta 7» es la serie argentina presentada por Netflix que aborda el mundo de las barra bravas locales. Con Martín Zimmerman («Ozark», «Narcos») a la cabeza y con Adrián Caetano («Pizza, Birra, Faso») en la dirección de los ocho episodios que componen esta primera temporada, la propuesta explora el lado oscuro del fútbol y retrata la lucha que emprende la primera jefa de seguridad de un club de fútbol en el mundo contra la mafia que tiñe al deporte.

Durante la presentación de la serie, Martín Zimmerman y Adrián Caetano estuvieron en diálogo con Cinéfilo Serial para contarnos acerca de la génesis del proyecto, su interés por abordar las contradicciones del mundo futbolístico y la invención del submundo que se crea alrededor de Ferroviarios, el club ficticio alrededor del cual gira la serie.

La idea de la serie surgió hace unos años, cuando Zimmerman se topó con una noticia sobre una guerra interna entre barras en Rosario. Al leer el artículo, se le ocurrió que podía ser un mundo interesante para retratar en una producción audiovisual y señaló que «el reto era tratar de cambiar el punto de vista. Yo vi la posibilidad de crear la serie cuando leí los comentarios de la gente en los artículos sobre barras bravas en Internet. En la idea fija de que son malos y que no son parte de nuestra sociedad, que son algo ajeno, vi la posibilidad de crear una serie para iluminar que todos somos parte de un sistema que crea a ese fenómeno».

El rodaje duró alrededor de noventa días, y el director contó que hizo un trabajo minucioso con los actores para que se sintieran cómodos con sus diálogos, y así terminar de construir ese mundo que fue un proceso de creación colaborativo desde la dirección, la creación y los guionistas.

Con respecto a la construcción de los personajes, el creador cuenta que era importante destruir el mito que existe alrededor de la gente buena y la gente mala, porque, para él, lo mejor que puede hacer un guionista es borrar esa división y entender que todos somos parte de un sistema que sostiene cosas que no nos gustan. «La barra brava es un sistema, y cada personaje es una pieza fundamental. Después de saber cuáles son esas piezas fundamentales, hay que pensar a fondo en sus perfiles psicológicos para que no parezcan estereotipos y entender cómo funcionan como seres propios», afirmó Zimmerman. En este sentido, Adrián Caetano agregó que «dentro de Ferroviarios todo, afuera de Ferroviarios nada. Todos los personajes pertenecen a ese mundo, y lo más difícil y divertido es inventarlo».

En relación a los desafíos que se les presentaron a la hora de pensar en la constitución de estos personajes, Caetano hizo hincapié en que era fácil caer en los prejuicios y pensar que «son todos borrachos, drogados y barderos o que son simplemente malos, porque es mucho más complejo que eso», pero que en realidad no es así porque «la barra en este país es gente casi de bien. Son reconocidos en todos lados. Uno va un restaurante y está la foto de Rafa Di Zeo con el dueño. Son gente que viaja a los mundiales, que tiene dinero, buenas casas, buenos vínculos. Está el caso de Pistola Gámez, que empezó siendo barra brava y terminó siendo el presidente de Vélez». Según el director, por este motivo no fue necesaria la investigación para entrar a ese mundo porque todos sabemos cómo son las barras bravas. El reto residió en desentrañar cómo funciona y entender cuáles son los valores que se mueven en ese mundo.

Evitar los lugares comunes en los que se suele caer a la hora de contar una historia que intenta mostrar el lado turbio del deporte mientras se busca poner luz sobre la sensación de pertenencia que crean los clubes en contextos humildes no es tarea fácil. En este sentido, Caetano opinó que el equilibro se logra por la contradicción que se crea al yuxtaponer los rituales y festejos propios de la felicidad que vive el hincha al ir a la cancha con la violencia desmedida que irrumpe de repente. Según él, es en ese espacio en el que el espectador debe pensar.

Para abordar la marginalidad y la pobreza, cuestiones que atraviesan por completo los ocho capítulos de «Puerta 7», ambos estuvieron de acuerdo en que lo esencial está en alejarse de las moralinas y tener mucho respeto. Caetano, que se caracteriza por la recurrencia en la exploración de estos tópicos en sus ficciones, dijo que «lo mejor es ponerse en un lugar de humildad frente al otro. Uno no es Dios para decidir quién es el bueno y quién es el malo. Acá los protagonistas son los barra bravas, y si vos generás una antipatía con esos personajes, no te ve nadie. Hay un montón de cosas humanas y de vínculos humanos ahí». Además, enfatizó en que no hay nada de ajeno en la marginalidad, porque al existir tantas villas en Argentina es fácil que conozcamos a alguien que haya venido de alguna. «Me parecen más ajenos nuestros gobernantes a nuestra realidad que las villas», concluyó el director.

 

Micaela Gallo

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