“The Killing”, una apasionante serie de detectives

“The Killing” comienza con la llegada del detective Holder a la sección de Homicidios de la Policía de Seattle y el supuesto retiro de la detective Linden, quien tiene planes de casamiento en Somosa, California. Pero este futuro quedará momentáneamente suspendido cuando encuentren el cuerpo de una joven, Rosie Larson, en el baúl de un auto en el fondo del río.

La particularidad de “The Killing”, a diferencia de otras tantas series policiales, es el tratamiento que se le da a los distintos casos. El asesinato de Larson transcurre durante las dos primeras temporadas, mientras que en las siguientes tenemos otros acontecimientos. En la tercera nos acerca a un caso con el que Linden estuvo obsesionada previamente, a partir del descubrimiento de varios cuerpos de jóvenes prostitutas, asesinadas de la misma forma y con las mismas peculiaridades, generando dudas sobre si atraparon al correcto culpable la primera vez. Y el cierre de la serie se realiza con una mezcla entre las consecuencias de su entrega anterior y la investigación del asesinato de una familia a cargo, supuestamente, de uno de sus hijos.

El caso Larson está muy bien tratado, otorgándole 26 episodios de 45 minutos a su desarrollo. ¿Cómo se le puede dedicar tanto tiempo solamente a un hecho? La serie plantea cada capítulo como si fuera un día de la investigación y expone una variedad de personajes pintorescos y posibles sospechosos. Es así como se irán descartando los distintos implicados hasta dar con el culpable. Pero además de la cuestión profesional, “The Killing” indaga sobre la vida privada de los protagonistas. Por un lado tenemos a Holder y a Linden, quienes deben lidiar con su trabajo y sus afectos, mostrándonos las consecuencias de sus actos, principalmente en materia emocional. También nos adentramos en la vida de la familia Larson, y del concejal Richmond, que está realizando la campaña para convertirse en alcalde, para tener, no solo una visión superficial de los acontecimientos, sino una más subjetiva, involucrando al espectador con su perspectiva y empatía. Es decir, que además del caso atractivo que plantea, construye de una gran manera sus personajes, haciendo que el público se interese globalmente por la serie.

Lo mismo ocurre durante la tercera temporada. Tal vez ya no se indaga tanto sobre la vida personal de Linden y Holden (aunque tenemos algunas subtramas románticas de ambos protagonistas), pero sí tenemos nuevos personajes que rodean a las víctimas, proporcionándonos un contexto mayor. En este caso, nos interiorizamos en 12 capítulos acerca de las vidas de adolescentes que se escapan de sus hogares por distintos motivos y que pasan sus días y noches en la calle o en distintos refugios, teniendo que trabajar como prostitutas para ganar dinero. Nuevamente vamos conociendo a distintos posibles implicados, que se irán descartando uno por uno hasta llegar a una sorpresiva conclusión. Y esta investigación se mezclará paralelamente con un caso que cerró Linden tiempo atrás y que siempre dudó si agarraron al correcto culpable. Es así como se irán alternando ambos acontecimientos, que se irán relacionando con el correr de los episodios.

Y en la cuarta y última entrega, el hilo conductor será un hecho ocurrido durante el final de temporada anterior, que perseguirá a los protagonistas, mientras se irá intercalando también el caso central del momento: el asesinato de una familia rica a manos de, supuestamente, uno de sus hijos, que habría intentado suicidarse posteriormente. En vez de ocuparnos tanto de la vida personal de Linden y Holden, veremos cómo lidian con las consecuencias de sus actos.

Repasando cada caso, podemos observar cuán interesantes y atrapantes resultan las distintas historias para el espectador, manteniéndolo en vilo. Se tratan temáticas relevantes relacionadas con la política y la sociedad norteamericana, a partir de una atmósfera opresiva y oscura que rodea a Seattle (con una constante lluvia) y un clima de tensión y misterio que envolverá al público. Pero también hay que destacar la gran labor de sus protagonistas, Mireille Enos y Joel Kinnaman, quienes no solo interpretan a la perfección a sus complejos personajes, con una gran cantidad de matices (son muy buenos en lo que hacen, no siempre consiguiendo los resultados de la mejor manera, pero en su vida privada tienen grandes inconvenientes), sino que logran generar una dinámica óptima como dúo; se complementan muy eficazmente.

Entre tantos policiales en la televisión, debemos destacar a “The Killing”, porque se toman su tiempo para desarrollar un caso, investigar a los distintos culpables (todos con perfiles muy interesantes), abordar temáticas relevantes para la sociedad, al mismo tiempo que hacen que el público se encariñe y preocupe por los protagonistas.

Tráiler:

 

Samantha Schuster

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