Crítica de “A mi altura” de Nzingha Stewart (2019)
En el último tiempo, Netflix se ha encargado de producir y distribuir una seguidilla de comedias románticas para adolescentes. Algunas fueron entretenidas y bien acogidas por el público, como es el caso de “A todos los chicos de los que me enamoré” (2018), mientras que otras pasaron sin pena ni gloria como “La cita perfecta” (2019) o “Nuestro último verano” (2019). En septiembre, el servicio de streaming apostó a “A mi altura”, una cinta que tiene algunos puntos de contacto con estas producciones.
“A mi altura” sigue a Jodie, una adolescente tímida e insegura de dieciséis años, que mide más de un metro ochenta y sufre bullying por su estatura. Cree que nunca va a encontrar a nadie que la quiera por su altura, hasta que conoce Stig, un también muy alto estudiante de intercambio sueco, quien le dará esperanzas y la ayudará a superar sus inseguridades.
En líneas generales, es un filme que no tiene demasiado para ofrecer. Se siente bastante mediocre y poco innovador en cuanto guion, que cae constantemente en tópicos reciclados de las películas para adolescentes. Además, las actuaciones son estándar, y por momentos resultan directamente malas.
Por otro lado, hay una falla esencial en cuanto al mensaje que busca perseguir la cinta y cómo se lo trabaja para que llegue a destino. Se entiende que se intenta comunicar la belleza en la diferencia y que todos tenemos algo de nosotros mismos que no nos gusta, pero que en definitiva somos mucho más que eso. Si lo vemos de forma abstracta, no hay nada incorrecto en esta premisa, pero el problema recae en dos cuestiones: por un lado, el modo en el que van desarrollando toda esta cuestión, cayendo una y otra vez en lógicas que hoy en día ya no hacen tanto sentido y terminan funcionando de manera contradictoria; y por el otro, que la idea suena un tanto ridícula al plantearla porque si bien la protagonista es considerablemente más alta que el resto, no deja de ser bastante hegemónica al ser blanca, rubia, flaca y de ojos claros.
Otro punto conflictivo es la construcción de los personajes: son estereotípicos y planos. Además, como en tantas otras películas de este género, vemos cómo el personaje femenino está subordinado a la mirada y la aprobación masculina. Si bien es entendible que durante la adolescencia el interés romántico se vuelva una cuestión central, en “A mi altura” es lo único que mueve a la protagonista. De hecho, hasta se somete a un cambio de estilo para que Stig se fije en ella. Se suelta el pelo, se maquilla y se empieza a vestir mejor, lo que provoca que incluso los chicos que antes le hacían bullying ahora mueran por salir con ella. Este tipo de recursos funcionaban en los noventa, pero ahora hacen un poco de ruido.
En síntesis, es una cinta bastante intrascendente, previsible desde el principio y que por momentos puede causar hasta un poco de vergüenza ajena. No propone nada nuevo, sino que se apropia de lo que ya vimos hace décadas en el cine y lo trae al 2019 sin demasiado éxito.
Puntaje:
Tráiler:
Micaela Gallo

