Crítica de «Tick Tick Boom» de Lin-Manuel Miranda (2021)
Lin-Manuel Miranda es todo un fenómeno sin precedentes en lo que respecta al musical. Su éxito en Broadway traspasó fronteras, no solo del medio teatral al cinematográfico, sino incluso límites entre territorios, dándole una mayor representación a la población latinoamericana en sus producciones (él mismo tiene ascendencia portorriqueña y se nota ese cariño y respeto que le da a los diversos personajes que moldea en sus trabajos). Su paso por las tablas es más que conocido, especialmente su obra cumbre (hasta el momento), ese éxito arrollador que resultó ser «Hamilton». El musical sobre uno de los padres fundadores de Estados Unidos, se convirtió en un fenómeno global sin precedentes que obtuvo 11 premios Tony (de un total de 16 nominaciones) y que tuvo una gira incluso por fuera de EEUU.
Su paso al cine fue algo totalmente lógico y esperable, allí encontró a su principal aliado en Disney donde compuso las canciones para «Moana» (2016), algo de música adicional en «Star Wars: The Force Awakens» (2015) y donde tuvo su primer papel importante (había participado en algunas series de TV, y en algunas películas menores previamente), en la secuela de Mary Poppins de 2018, «Mary Poppins Returns». Todo esto nos lleva a la actualidad, donde este mismo año adaptaron otro de sus famosos musicales de Broadway, «In The Heights» y también protagonizó el film animado de Netflix «Vivo», en el cual hace la música y le pone su voz al personaje del título. Por otro lado, volvió a colaborar con la empresa del ratón con la música para uno de sus largometrajes, estrenado hace unos pocos días, titulado «Encanto».
Y «Tick Tick Boom» (su cuarta incursión en el cine tan solo en este 2021), compone su ópera prima, la cual produjo Netflix y que está basada en un musical autobiográfico, escrito por otra leyenda de Broadway, Jonathan Larson. Larson fue un joven compositor teatral que murió prematuramente a los 35 años sin poder atestiguar el enorme reconocimiento y el legado que dejaron sus creaciones. Una de ellas fue la que aquí se adapta y la otra es la archiconocida «Rent» que estuvo en la cartelera teatral durante un largo periodo y que fue adaptada en varios idiomas, países y formatos.
La película narra justamente la génesis de Jonathan (interpretado magistralmente por Andrew Garfield), en la Nueva York de los años ’90 justo antes de que el artista cumpla los 30 años. Su pasión por el teatro, y la angustia que le representa estar a punto de llegar a la tercera década sin haber podido haber realizado un trabajo, como tantos de sus varios colegas e inspiraciones pudieron lograr, lo tienen trabajando incansablemente en un musical de ciencia ficción bastante disruptivo y hasta experimental titulado Superbia. Hace años que viene escribiendo este musical, que espera que sea un éxito que le proporcione la oportunidad de saltar a la fama, no obstante, al mismo tiempo lidia con algunas cuestiones de la vida cotidiana como su trabajo en una cafetería neoyorkina, una compleja relación con Susan (Alexandra Shipp), su novia quien parece anteponer las aspiraciones de su pareja antes que las propias en su vida laboral, así como también las experiencias de sus amistades que parecen dejar sus sueños de lados para sobrevivir en NY. Todo esto lleva a Jonathan al borde del colapso, pero sus intenciones son la de seguir probando hasta conseguirlo.
La película representa un relato que en apariencia puede sonar convencional, como varias historias de superación de «ascenso a la fama» o la búsqueda del «sueño americano», pero «Tick Tick Boom» logra sorprender con una solvencia narrativa impecable de Miranda, que consigue construir una narrativa interesante, la cual juega un poco con diversos mecanismos del registro documental, así como también con un trabajo de edición maravilloso que nos sumerge en la compleja vida del protagonista.
Los números musicales y las canciones (las cuales fueron compuestas por el propio Larson) son llevadas a la pantalla de manera inspirada, a través de la mirada de un director que se lo nota cómodo con el género y quien resulta una decisión acertada para hacerse cargo en esta trasposición al cine. La puesta en escena y el despliegue visual son los de un gran musical hollywoodense pero, también, hay sustancia detrás de todo ese virtuosismo, trabajando sobre tropos profundos que van desde los anhelos personales, hasta el valor de la amistad, el amor y la lucha contra la adversidad. Además, hay un lugar para el comentario social a través de la lucha de algunas amistades del protagonista contra el HIV, que recién comenzaba a aparecer en aquella época, así como también los prejuicios, la homofobia y la falta de empatía producto del desconocimiento.
A su vez, Miranda se da el gusto de poder llamar a colegas, habituales colaboradores de sus obras y demás personalidades para realizar algunos pequeños cameos y easter eggs para los que siguen su trabajo hace tiempo. Se nota el cuidado, y el respeto que hay hacia la figura de Larson en todo momento por la energía que rodea al film y el cuidado que hubo en la adaptación. Más allá de la maravillosa composición que hace Garfield del protagonista, que seguramente le sume algunos puntos de cara a la próxima temporada de premios, acompañan muy bien Shipp como la novia, Robin de Jesús como su mejor amigo Michael, la talentosa Vanessa Hudgens, entre otros.
«Tick Tick Boom» es una película entretenida, emotiva y una carta de amor de Miranda hacia la figura de Larson, como también hacia el teatro y a la complicada vida de los artistas que tienen duras pruebas en sus caminos. Una historia de superación, tan universal como sentida que se nutre de un gran despliegue, de grandes canciones y una actuación central que comprende una verdadera revelación.
Puntaje:
Tráiler:
Martín Goniondzki

