CINE

Crítica de «Becky» de Jonathan Milott y Cary Murnion (2020)

La dupla directora detrás de productos como «Cooties» (2014) y «Bushwick» (2017) viene a sacarnos del aburrimiento de esta cuarentena con «Becky», un cóctel adrenalínico que aglutina elementos del cine de explotación, donde una niña de 13 años se enfrenta a un grupo de supremacistas blancos que escaparon de prisión.

Si estás buscando pasar un buen rato con un film que ofrezca acción, drama, gore y tensión, probablemente «Becky» sea la película que tengas que ver en estos días. El largometraje nos presenta a Becky (Lulu Wilson), una adolescente que perdió recientemente a su madre y le está costando adaptarse a la vida que está rehaciendo su padre Jeff (Joel McHale) con su nueva novia Kayla (Amanda Brugel) y su pequeño hijo Ty (Isaiah Rockcliffe). Un fin de semana Jeff decide llevar a Becky a la casa del lago familiar para darle la noticia de que va a casarse con Kayla. No obstante, el fin de semana apacible dará un giro inesperado cuando un grupo de neonazis que se escaparon de prisión los aceche en busca de una llave que aparentemente está escondida en algún lugar de la residencia.

La obra resulta ser un thriller del estilo «Home Invasion» que con tintes de gore nos brindará hora y media de entretenimiento a puro desenfreno. Con un estilo particular, basado en un montaje moderno y estilizado en la forma en que se trazan los paralelismos entre lo que le pasa a Becky y lo que está pasando con los convictos, la cinta busca sorprender por su crudeza y por su comentario ácido ante el racismo y la intolerancia. Por otro lado, si bien la trama es sencilla y sin demasiadas pretensiones, el transcurso está sólidamente armado en base a la construcción del conflicto interno de la adolescente y su forma de atravesar el duelo por la muerte de su madre, al mismo tiempo que su padre y su propia vida corren peligro.

Lo interesante es que todo se construye alrededor de la llave que buscan los delincuentes que funciona a modo de McGuffin y que nunca descubriremos qué representa o qué esconde. Podría representar todo y nada a la vez, lo importante es que Becky se da cuenta de que ese objeto está por cambiar drásticamente su vida sin motivo alguno, como una gran metáfora de la violencia sin sentido y el racismo que viene azotando actualmente a Estados Unidos lejos de toda razón o lógica. Esa lucha entre Becky y los convictos liderados por el personaje de un irreconocible Kevin James, desembocan en una especie de «Home Alone» (1990) medio gore y sanguinolento que no da respiro alguno.

«Becky» es una interesante propuesta, no apta para impresionables, que se destaca por su crudeza, por la denuncia contra el racismo y por un gran trabajo de sus directores que consiguen darnos un entretenimiento sin pretensiones cargado de una buena dosis de girl power.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Martín Goniondzki

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