Crítica de «Chicas Pesadas» de Samantha Jayne y Arturo Pérez Jr. (2024)

En 2004 se estrenó en cines una película que sin dudas marcaría a una generación de adolescentes que venían siguiendo la carrera de Lindsay Lohan con films como «Juego de Gemelas» (1998) y «Un viernes de locos» (2003) hasta alcanzar su punto cúlmine con esta historia (después vendrían otras cintas con menor impacto hasta que la actriz desapareció de la industria a la cual volvió hace poco tiempo). «Mean Girls» o «Chicas Pesadas» logró poner sobre el tapete la complejidad de la amistad femenina y el bullying a través de una trama divertida, irreverente, con personajes icónicos y muchas frases que quedarían en la memoria colectiva. Además, fue un semillero de jóvenes talentos como Rachel McAdams y Amanda Seyfried.

Mucho de esto tiene que ver con que el guion fue realizado por Tina Fey, una gran comediante, que además asumió un rol en la película como la maestra de cálculo de la protagonista. Y fue también la responsable de, en 2013, empezar a concebir a «Mean Girls» como un musical. El mismo debutó en 2017 en Washington D.C y en 2018 llegó a Broadway, teniendo buenas críticas y siendo nominada como Mejor Musical. Tiempo después anunció que adaptaría el musical a una versión cinematográfica, la cual llegó esta semana a nuestras salas.

«Chicas Pesadas» tiene el mismo punto de partida que la original. Cady Heron, una chica que vivía en África con su familia y fue educada en su casa, llega a Estados Unidos para empezar el año escolar. Ahí conocerá a Janis y Demian, quienes le enseñarán cómo está dividida la escuela y le presentarán a «las plásticas», un grupo de chicas populares y «malas» a quienes todos aman y odian a la vez. Su objetivo será que Cady se haga amiga de la reina madre, Regina George, y sus secuaces Gretchen y Karen, y hacerle perder todo lo que más quiere como venganza. El problema es que en el camino Cady se va a sentir muy a gusto con este nuevo status social.

El primer gran interrogante de esta nueva versión era cómo sería la adaptación musical, porque ni siquiera los tráilers nos daban un pequeño avance al respecto, algo que igual es sumamente valorable para no terminar arruinando la sorpresa y el impacto en el cine. Si bien no nos encontramos con canciones demasiado memorables, tiene algunas buenas secuencias musicales, con un despliegue de logradas coreografías. Tienden a orientarse más hacia lo lúdico y divertido con un buen trabajo de canto, baile y actuación por parte de los intérpretes. A pesar de que sabemos que no suelen cantar en vivo durante el rodaje, por momentos se nota demasiado el playback; hay mucha diferencia entre los movimientos de la boca y la música que se escucha.

Pasado ese primer obstáculo, que aprueba de manera correcta, el segundo tema es la injusta y odiosa pero necesaria comparación con el material original. Sin haber visto el musical previamente, la película de 2004 se volvió bastante icónica para nuestra generación, como mencionábamos al principio, teniéndola muy presente en nuestra memoria. De todas maneras, al adaptar el musical y no ser un reboot consigue diferenciarse del film de Lindsay Lohan pero a la vez apelar a la nostalgia manteniendo algunas escenas trascendentales de aquel momento y realizando varios guiños a ambas producciones. Por ejemplo, Reneé Rapp, quien acá interpreta a Regina George, fue el reemplazo en Broadway del mismo personaje, o Ashley Park, que ahora se pone en el papel de una profesora de francés, hizo de Gretchen en la obra de 2017 y 2018.

Lo mismo ocurre entre los films, la mayoría de los chistes se mantienen, otros se adaptan más a los tiempos que corren, poniéndole más énfasis a la sororidad y al feminismo (algunos de ellos hoy pueden resultar políticamente incorrectos, pero también la cinta buscaba ser irreverente y superar ciertos límites) y los que quedaron afuera seguramente se debe a que las canciones ocupan bastante espacio dentro del relato, haciendo que se tenga que recortar de algún lado o la duración hubiera sido mucho más extensa. Y obviamente algunos cambios se realizaron para volverla más original y distintiva, porque si queremos ver una copia idéntica para eso volvemos a ver la película original. Lo único que tal vez quedó desaprovechado es el personaje de Jon Hamm como el coach Carr, que en la versión de 2004 tenía más protagonismo y era un rol bastante gracioso y acá casi no aparece.

Por el contrario, los personajes de Janis (Auli’i Cravalho, quien le puso la voz a Moana en el film de Disney) y Demian (Jaquel Spivey, quien debuta en el cine con este rol pero que viene del mundo del teatro) tienen una relevancia mayor, siendo además los narradores de esta historia. Sobre todo ella, quien tiene una canción particular para expresar sus sentimientos y pensamientos, se presenta como uno de los secundarios que más destacan por su autenticidad, empoderamiento y garra.

Reneé Rapp como Regina George respeta desde el psique du rol hasta su personalidad y, a pesar de no tener tan buenas canciones que la acompañen, logra dar esa vibra de chica mala inalcanzable. Está bien acompañada por sus secuaces, Karen (Avantika), el comic relief del relato que desde sus expresiones hasta sus diálogos nos van a generar mucha gracia; y Gretchen (Bebe Wood, «Love, Victor»), quien realiza un correcto trabajo como su mejor amiga pero a la vez quien va a contribuir a su caída.

Por su parte, Angourie Rice («Spider-Man», «Honor Society», «Mare of Easttown») como Cady Heron está bien seleccionada. Tiene ese aura inocente al principio que se va a ir oscureciendo con el correr del tiempo hasta el punto de no retorno.

Tina Fey y Tim Meadows vuelven a los personajes que interpretaron en 2004 pero sin repetir exactamente las mismas líneas sino agregándole algunos detalles más que van a ser valorados por la audiencia.

Sin llegar a estar a la altura de su antecesora que sigue quedando en la memoria colectiva como una película superior e icónica dentro de los films de adolescentes, la nueva versión de «Mean Girls» cumple con lo que se propone. Logra separarse lo suficiente de la cinta original para justificar su existencia, partiendo de la base de que es un musical y está adaptado a la sociedad actual con el uso de la tecnología y las temáticas cotidianas, pero también se sustenta del material de base para complacer a los fans con varios guiños interesantes, repitiendo chistes que funcionan muy bien y manteniendo ese humor irreverente y efectivo.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Samantha Schuster

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