Crítica de “Ciudad de Dios” de Kátia Lund y Fernando Meirelles (2002)

Una dura, visceral experiencia del despiadado espiral de violencia que lleva a los niños a una vida de crimen, brutalidad y asesinato. Una película con una inventiva y una energía visual que pocas tienen.

«Ciudad de Dios» (2002), dirigida por los brasileños Fernando Meirelles y Kátia Lund, está basada en el best-seller homónimo de Paulo Lins, un habitante que relata hechos reales, describe el mundo del crimen organizado en Cidade de Deus, un suburbio de Río de Janeiro, desde finales de los sesenta hasta principios de los ochenta, época durante la cual el tráfico de drogas y la violencia impusieron su ley en las favelas. A finales de los sesenta, Buscapé (Alexandre Rodrigues), un niño de 11 años tímido y sensible, observa a los niños duros de su barrio, sus robos, sus peleas, sus enfrentamientos diarios con la policía. Pero él sabe muy bien lo que quiere ser si consigue sobrevivir: fotógrafo. Dadinho (Douglas Silva), un niño de su edad que se traslada al barrio, sueña con ser el criminal más peligroso de Río de Janeiro y empieza su aprendizaje haciendo recados para los delincuentes locales. Admira a Cabeleira y su pandilla, que se dedican a atracar los camiones del gas. Un día Cabeleira le da a Dadinho la oportunidad de cometer su primer asesinato.

Un drama que muestra con severidad la realidad de las favelas y los barrios más carenciados, narrado en primera persona desde el punto de vista de Buscapé, protagonista que vive su destino permanentemente cruzado con el de sus vecinos, éstos decidieron disparar las armas, Buscapé eligió disparar una cámara de fotos. Un relato ágil, movedizo, por momentos vertiginoso, con un ritmo adrenalínico, contado de una forma no lineal, utilizando diferentes técnicas de edición y tomas de cámaras. Las interpretaciones son uno de los puntos fuertes de esta maravilla.

En síntesis, tan cruda que da miedo, la cinta nos muestra a través de dos décadas por qué muchos eligen el tráfico de droga, el robo y el asesinato mientras unos pocos intentan alejarse de ese mundo cerrado. De cómo llevar una vida honesta cuando todo lo que te rodea es violencia y delincuencia. La esperanza de saber que no todo está perdido, y que aunque existan jóvenes que roban, trafican y matan, están los que desean un futuro limpio y honesto. Contiene más verdades que cualquiera de los periódicos.

Puntaje:

Tráiler:

 

Noelia Giacometto

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