25° BAFICI: «Lost Country» de Vladimir Perišić (2023)

Serbia, 1996. Stefan, un joven de 15 años, vuelve a su casa después de haber pasado unos días con sus abuelos en el campo. Su madre, portavoz del gobierno, ha estado trabajando en las elecciones del país. Sin embargo, a medida que pasan los días el chico se da cuenta de que tal vez los resultados que le transmitieron no son del todo ciertos y que el oficialismo está negando el tema y tomando malas decisiones al respecto. Tal es así que los estudiantes se agrupan para manifestarse contra el régimen de Milosevic, poniendo a prueba a Stefan, que deberá elegir de qué lado se encuentra: del de su madre o del resto de la sociedad.

«Lost Country» funciona en dos capas al mismo tiempo. Por un lado, es un film que aborda los aspectos políticos de Serbia, luego de la disolución de Yugoslavia, ahondando en el fraude, la corrupción, la perpetuación del gobierno en el poder, la falta de transparencia, y los levantamientos sociales que se manifiestan en contra de lo sucedido, generando represión policial para acallar las voces del pueblo. Esto nos permite entender y acercarnos a una época y un lugar del cual probablemente no tengamos demasiado conocimiento.

Pero en realidad este no es el foco principal del film, sino que solamente es el marco en el cual se va a desarrollar la historia central, la de Stefan, un joven que está dando sus primeros pasos hacia la adultez, que le empieza a gustar una chica, que practica Waterpolo y sale con sus amigos. Cuando su universo familiar comienza a chocar con sus amistades y sus propias creencias es cuando su cotidianidad se derrumba y va a tener que tomar algunas decisiones complejas, aprendiendo a mirar más allá del amor por su madre si quiere descubrir la verdad del lugar en el que vive. Es decir, es un coming of age con tintes políticos y conciencia social.

Jovan Ginic, quien se pone en la piel de Stefan, hace un gran trabajo para componer a este chico tímido, serio y callado, pero que se nota que en su interior está atravesando por muchas situaciones dolorosas, confusas y de constante aprendizaje y crecimiento. El actor (que sorpresivamente este es su primer trabajo profesional) logra transmitir esa seriedad a través de su rostro, ya que no es un personaje de muchas palabras, como también la transformación que va realizando con el correr del relato: pasando de un chico apático, maduro y familiero a levantarse por lo que cree aunque esto signifique pelearse con los que más quiere. Su contracara es Jasna Đuričić, quien hace de su madre, una mujer amorosa, que lo sigue tratando como su pequeño niño, y que busca tranquilizarlo constantemente, a pesar de que por fuera de su hogar está librando una batalla mucho más preocupante y escandalosa.

La película no solo está bien adaptada a los ’90, con una buena puesta en escena, vestimenta y objetos acorde al momento sino que además la imagen se siente como de esa época, con ese granulado característico de películas antiguas, haciéndonos creer que fue rodada en 1996. Pero a pesar de esto, la historia también se siente bastante universal y moderna, ya que en muchos países se podrán sentir identificados por las movilizaciones populares frente a gobiernos o regímenes que toman decisiones y realizan políticas de Estado que van en contra de los beneficios sociales.

En síntesis, Vladimir Perišić consigue mezclar de manera perfecta y equilibrada la historia de un país en puja, en pleno conflicto y crecimiento, con un coming of age sobre un chico que se ve obligado de destruir la imagen idílica que tenía de su madre para poder trascender, valerse por sí mismo y tener creencias propias. Una película que se centra en otra época (tanto en sus aspectos visuales como narrativos) pero que tranquilamente podría estar basada en la actualidad y en cualquier lugar del mundo.

«Lost Country» forma parte de la sección Hacerse Grande del 25° BAFICI y se puede ver el jueves 18 a las 16.10 hs en el Cinépolis Houssay (Sala 2), el sábado 20 a las 13.05 hs en el Cinépolis Houssay (Sala 2) o el jueves 25 a las 16.40 hs en la Sala Lugones.

Puntaje:


 

 
Tráiler:

 

Samantha Schuster

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