Crítica de «Contra Todos» de Moritz Mohr (2024)

«Contra todos» es una película de acción inspirada en la tradición del cine de artes marciales con una estética construida a base tanto de videojuegos como novelas gráficas. Promete mezclar la adrenalina con mucho estilo y lo intenta sin ningún miedo a los excesos. El resultado es una cinta irregular bastante disfrutable para aquellos que logren sintonizar con su particular personalidad.

Bill Skarsgard (el payaso Pennywise en las «It» de Andy Muschietti) se reinventa este año como héroe de acción tanto en esta película como en «El Cuervo». Protagoniza como la versión adulta de un niño sordomudo que entrena durante toda su vida con un chamán para lograr vengar la muerte de su familia. Al no recordar su propia voz llegada la adultez decide darle a su narrador interno la voz de su videojuego favorito: H. Jon Benjamin, protagonista de «Archer» y «Bob’s Burgers».

Arrancar con la decisión de que tu protagonista no diga por sí mismo ni una palabra en toda la película deja ya a las claras que este es un proyecto totalmente entregado a satisfacer las más necias ambiciones. Que eso termine reforzando el viaje de su personaje ciertamente mejora las cosas, pero es gracias al pulso experto de Sam Raimi («Evil Dead», «Spider-Man») en su rol como productor quien seguramente sea responsable de que esta ópera prima logre trascender ser un desastre y alcanzar la chance de que se pueda disfrutar. El tono está ciertamente por sus pagos, mezclando lo brutalmente sangriento con la liviandad de no tomarse casi nunca las cosas demasiado en serio. Un esfuerzo narrativo acertado que entrega los mejores momentos y permite aminorar críticas más punzantes con las que sin dudas se le podría caer.

Fanáticos del género van a encontrar una propuesta excelente en lo que a acción se refiere, con muchas escenas de tiros con una propuesta estilística interesante desde la dirección y aún más peleas mano a mano que ponen el foco en el trabajo de coreografía que Hollywood suele dejar tan de lado. Ese enfoque es evidente desde el casting ya que cuenta con la participación no tan secundaria de una eminencia como el maestro Yayan Ruhian («The Raid») en el rol del mentor encargado de transformar al niño en una máquina asesina.

Lo único que queda es entonces que Skarsgard encarne convincentemente a un brutal guerrero capaz de enfrentar pequeños ejércitos por sí solo, algo que logra con una transformación física impresionante y evidentemente bastante entrenamiento coreográfico. La dirección del alemán Moritz Mohr se encarga de que la cámara ayude a convertir a Skarsgard en un creíble héroe de acción, transmitiendo toda la épica que un protagonista de este tipo de cintas requiere. Al mismo tiempo, Skarsgard recibe tanta ayuda del guion como para llevar a buen puerto su rol más alejado de las peleas. Si bien su talento permite que las escenas más dramáticas tengan la potencia necesaria, las limitaciones de no tener diálogo sumadas a la elección de Benjamin como su narrador interior terminan por dejarlo en jaque la mayoría del tiempo que no pasa golpeando villanos o siendo golpeado por la realidad en este tragicómico mundo distópico. Es en la dinámica del tono de Benjamin y el diálogo que se le da a su narración donde el humor flaquea, cuando es ciertamente más efectivo en las manos de otros personajes.

Al fin de cuentas, «Boy Kills World» es una ensalada sobrecondimentada que logra momentos de disfrute gracias a una buena elección de ingredientes de calidad. La incógnita será si logra encontrar un público que pueda sortear los obstáculos más irritantes de la experiencia para poder valorar todo lo que hace bien. El resultado es que la audiencia termina siendo responsable por demás de su propio buen rato, casi tan irracional como esperar que un sordomudo que aprendió karate en una choza derroque una dictadura post-apocalíptica. Le deseamos suerte y recomendamos que se le dé una chance, hace demasiado buen trabajo en varias cosas como para dejar que el resto lo arruine.

Puntaje: 


 
 
Tráiler:

 

Leandro Porcelli

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