Crítica de «Ferrari» de Michael Mann (2024)

Al momento de su anuncio, una biopic sobre el fundador de Ferrari fue algo sorpresiva como próxima película del gran Michael Mann. Ahora con el diario del lunes es evidente como la nominada al León de Oro en el Festival de Venecia cuaja perfectamente en el resto de la filmografía de uno de los mejores directores estadounidenses de los últimos 40 años.

La trama sigue las desventuras profesionales y personales de Enzo Ferrari (Adam Driver) en la previa de una de las carreras más decisivas en la laureada historia de la escudería. El arrastre de distintos problemas económicos, matrimoniales y personales encontrarán un clímax al apostar todo el futuro de la compañía en la victoria durante las Mil Millas de 1957 en Italia, a la vez que la delicada situación en la que convive con su esposa (Penélope Cruz) tras la muerte de su hijo empeora al descubrir ella la existencia de una segunda familia con una mujer (Shailene Woodley) y un joven potencial nuevo heredero del nombre Ferrari.

El film explora la compleja intersección entre la vida y el oficio de un hombre cuyo profesionalismo es una obsesión que no solo lo define sino que le imposibilita una fácil o positiva dinámica para con el resto de la sociedad. Es decir, una típica de Mann. Usualmente asociado con el cine de criminales, o de los policías que los persiguen ya que ante sus ojos ambos son una cara de la misma moneda, en este caso lleva ese paradigma a un hombre que respiraba mujeres, vértigo y ambiciones para exhalar automovilismo.

Su estructura recuerda bastante a «Uncut Gems» de los hermanos Safdie, aunque aquella excepcional cinta protagonizada por Adam Sandler a pesar de estar totalmente inspirada en el cine de Mann tenía una estética bastante propia. En anteriores obras maestras que comprenden su filmografía, como «Thief» (1981), «Manhunter» (1986), «Heat» (1995) o «Collateral» (2004), los protagonistas de Mann tienen un relativo inicio de gracia más estructuralmente corriente en el que disfrutan de la estabilidad fruto de sus particulares talentos antes de que finalmente todo concluya en erupciones que conspiran para consumirlos. Pero en el caso de «Ferrari» como sucedía con «Uncut Gems» uno se adentra desde el vamos en la tormenta fuera de control que viene siendo desde mucho antes la constante en sus vidas, haciendo que el enfoque y obsesión de su protagonista para obtener su objetivo en medio de un apocalipsis tanto profesional como personal solo cobre sentido o veracidad una vez nos adentramos en las locuras internas que los mantienen cuerdos.

Blandiendo un trabajo de sonido espectacular y una excepcional labor de fotografía por parte del ganador del Oscar Erik Messerschmidt («Mindhunter», «Mank», «The Killer»), es una espléndida experiencia sensorial a la altura de las narrativas de la calidad que ofrece Mann. Por su parte el casting del elenco en sus roles principales entrega unas decisiones bastante interesantes. Penélope Cruz trae algo de renombre y grandilocuencia en la interpretación de un personaje que apunta (y en mérito tranquilamente podría haber acertado) a ganarse una nominación a algún galardón, mientras que Woodley ofrece un total contrapunto mucho más utilitario y tranquilo, ambas actrices corresponden sus acertados castings con un rendimiento incluso algo por encima de lo que podría esperarse. La gran apuesta es por supuesto la elección del recientemente cuarentón Adam Driver para encarnar al por entonces sextagenario Enzo, equipado con una tintura de pelo, algo de maquillaje y mucha voluntad. Durante la mayoría de la cinta Driver realmente logra una excepcional actuación que nos entrega un verídico hombre con espíritu joven en un cuerpo ya acostumbrado a haber pasado el medio siglo de edad pero hay más de una ocasión en la que su juventud es palpable, en especial en las escenas que comparte pantalla y dinámica de energías con Cruz.

«Ferrari» logra no solo ser un espectáculo más que atrapante sino también una experiencia super interesante gracias al nivel excepcional en lo que a técnica, actuaciones y trabajo de producción se refiere. Es una biopic más acorde al pedigree del gran Mann que al de un ejemplo más corriente del género, transformando la figura histórica de Enzo Ferrari en un personaje ficcional bien a lo Michael Mann. Sintiéndose totalmente a gusto en esa galería de protagonistas que componen algunas de las mejores películas de su carrera. Un celebrado regreso en forma de uno de los cineastas estadounidenses más destacados por su visión, estética y narrativas. Hace un par de décadas ya que varios de los mejores directores del mundo y algunas de sus mejores películas pueden resumirse en «jugar a ser Mann por un rato», como por ejemplo un Christopher Nolan que nunca se cansa de copiarlo en todo lo que puede.

Después de más de dos décadas desde su última muy buena película, Michael Mann volvió a sus 80 años con todo y listo para perderse como siempre en la eterna tormenta de sus ambiciones.

Puntaje: 


 

 
Tráiler:

 

Leandro Porcelli

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