Crítica de «No voy a pedirle a nadie que me crea» de Fernando Frías de la Parra (2023)

En 2020 Fernando Frías de la Parra estrenó «Ya no estoy Aquí», película que tuvo tan buena repercusión del público y de la crítica que fue la elegida para representar a México en los Goya y los Oscars. La misma retrataba los modos de vida de los sectores sociales marginalizados a partir de la historia de un joven que debe emigrar de México a Estados Unidos por la amenaza de una pandilla. Es por eso, que su nueva incursión en el cine llamaba tanto la atención.

«No voy a pedirle a nadie que me crea» se estrenó directamente en Netflix hace algunos meses, para contar la historia de Juan Pablo, un joven mexicano que recibe una beca doctoral para estudiar en Barcelona. Sin embargo, antes de partir se ve involucrado en un incidente con su primo, que estaba metido en asuntos raros, y es así como un grupo de criminales va a determinar su vida de ahora en adelante. Lo obligan a viajar junto a su novia (con quien se había separado días atrás) y a seguir una serie de pasos si no quiere que su familia sea asesinada.

Tomando como punto de partida la novela de Juan Pablo Villalobos y adaptándola a la pantalla de la plataforma de streaming, podemos decir que el director sigue transitando por algunos temas que le interesan, como la marginalidad y las mafias, pero ahora desde otro costado. Esta vez, nos propone un thriller con toques de comedia negra y absurda que nos va atrapando y sorprendiendo con el correr del metraje. Lo que le van proponiendo que tiene que hacer muchas veces es ridículo o tienen segundas intenciones que nos vamos a enterar más adelante por el secretismo que maneja este grupo mafioso que se encuentra en las tinieblas.

A su vez se trata de un relato enmarcado, es decir, un relato dentro de otro. Todo comienza con una persona encontrando un manuscrito y leyendo lo que está escrito. Esa historia es la de Juan Pablo, que vamos conociendo de a poco. Y al mismo tiempo, el protagonista escribe las distintas peripecias que tiene que atravesar durante su estadía en Barcelona: cambios en sus estudios, salidas con sus colegas y hasta seducir a una persona a cambio de mantenerse con vida a él y a todos los que quiere.

Por momentos algunos hechos suceden fuera de campo, algo que genera un poco de confusión dentro de la historia, porque no sabemos cómo se llegó a esa situación. De todas maneras, poco a poco nos vamos acostumbrando y tratamos de unir nosotros las distintas pistas que nos van otorgando.

Tanto el desarrollo de la película como su final resultan tan tensionantes como sorprendentes. Ningún personaje está a salvo y, a pesar de que los villanos son medio exagerados y caricaturescos (para seguir un poco con el tono absurdo propuesto por el director), son una verdadera amenaza para el protagonista. Es por eso que los distintos giros como también la resolución impactan y no se vuelven predecibles.

Darío Yazbek Bernal se pone en la piel de Juan Pablo de una buena manera, que se sale de los cabales cuando es necesario pero sino que mantiene una actuación sobria y contenida. Lo acompañan de buena manera Natalia Solián y Anna Castillo, la novia y la compañera de clase de Juan Pablo, como también Juan Minujín que participa como el compañero de piso de la pareja, con una interpretación porteña bastante marcada.

En síntesis, «No voy a pedirle a nadie que me crea» es una thriller mezclado con comedia negra/absurda entretenido que va a ahondar sobre la mafia, la política, el poder y la inmigración en las grandes ciudades a través de un relato enmarcado donde no todo es lo que parece.

Puntaje:

Tráiler:

Samantha Schuster

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