Crítica de “Secreto en la montaña” de Ang Lee (2005)

Hay actores a los que le alcanzaron muy pocos papeles para ser conocidos a nivel mundial, como fue el caso de Heath Ledger. Jake Gyllenhaal, en cambio, ya había participado en películas de culto, como fue su protagónico en “Donnie Darko” y varios films más. En “Secreto en la montaña”, adaptación de un cuento escrito por Annie Proulx en el año 1997, se pusieron en la piel de una de las parejas ficcionales que, hasta el día de hoy, siguen vigentes: Ennis del Mar y Jack Twist.

Twist (Gyllenhaal) y del Mar (Ledger) son dos vaqueros que se encuentran en Brokeback Mountain, con el objetivo de conseguir trabajo por una temporada en el establo de Joe Aguirre (Randy Quaid). Entonces, como cuidadores de ovejas, empiezan a conocerse más y más. Se dan cuenta de que tienen vidas muy diferentes, pero hay algo que los lleva a entablar una relación amorosa en paralelo a la situación de cada uno.

Las actuaciones de la dupla protagonista, sin dudas, se encargan de manejar la película no sólo por el tiempo en cámara de cada uno, sino también por su calidad. Quizás no sean las mejores interpretaciones ni de Ledger ni de Gyllenhaal de forma individual, pero hacen un dúo con mucha química y traspasan la pantalla. A su vez, a ellos se les suman Michelle Williams y Anne Hathaway con actuaciones de alto nivel.

En cuanto al trabajo de Ang Lee, no hay mucho que decir. Se hizo cargo de una película polémica por la historia presentada, que, dado su contenido, llevó a que se bajasen Gus Van Sant como director y actores como Leonardo DiCaprio, Brad Pitt y Matt Damon. A pesar de eso, Lee desarrolló una forma de contar la historia sumamente adecuada, con un gran manejo de cámaras en los momentos de intimidad. El hecho de no haber matizado esas escenas fue lo que, probablemente, haya generado incomodidad en cierta parte del público, pero está fuera de discusión que esa crudeza es necesaria para darle una dosis de veracidad a la historia.

“Secreto en la montaña” cosechó tres premios Óscar: el de mejor director, el de mejor guion adaptado (Larry McMurtry y Diana Ossana) y a mejor música original, conseguido gracias al argentino Gustavo Santaolalla. Este largometraje, con un final que te dejará pensando y te obligará a debatir para desarmar la conclusión, quizás resulte pesado en algunos aspectos. Sin embargo, involucrarse en un proyecto considerado polémico para su momento (sin discusión, este film hubiera recibido una mayor aceptación en estos últimos años), es un mérito. Quizás hoy no tenga el mismo efecto que en el 2005, ya que, casi quince años después, la diversidad sexual está siendo aceptada cada vez más, pero es una cinta que vale la pena no solo para ver, sino para analizar estereotipos y entender que el amor no existe entre construcciones sociales como son los géneros, sino entre personas.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Franco Valente

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