Crítica de «Zombieland: Tiro de gracia» de Ruben Fleischer (2019)

Tras 10 años de espera llega la secuela de «Zombieland» (2009), aquel film dirigido por Ruben Fleischer (“Venom”, “Gangster Squad”, “30 Minutes or Less”), que mezclaba la comedia con el subgénero de zombies logrando un film entretenido repleto de tripas, sangre y corazón.

En esta oportunidad, y tras varios años de lo que parecía un “infierno creativo” combinado con la organización de agendas sumamente apretadas por parte de sus exitosísimos y requeridos actores, llega esta segunda parte que básicamente repite la misma fórmula que hizo exitosa a la primera con el objetivo de volver a poner en pantalla esa indiscutida química que presentaban los cuatro protagonistas de la obra. Quizás en esta oportunidad se notan un poco más los hilos que teje el guion, tal como pasó entre la primera y la segunda parte de «Home Alone» (1990) o las primeras dos entregas de la saga «The Hangover» (otra exitosa película del año 2009). No obstante, ese sentimiento de familiaridad que logra hacernos sentir el director y los intérpretes, hacen muy disfrutable la experiencia cinematográfica.

En un mundo plagado de zombis, Columbus (Jesse Eisenberg), Tallahasse (Woody Harrelson), Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin) comienzan a sentirse cómodos con la rutina que armaron conviviendo en la Casa Blanca. Esta situación enciende una alarma en las mujeres del grupo, que se sienten sofocadas por la actitud sobreprotectora de Tallahasse con Little Rock, y la propuesta matrimonial de Columbus con Wichita. Es así, que Little Rock busca relacionarse con gente de su edad y se dirige al seno de una comunidad hippie y pacifista que vive en un hábitat sin armas. El resto del grupo emprenderá la búsqueda de Little Rock que desconoce las nuevas clases de muertos vivientes que han evolucionado desde lo sucedido hace algunos años, así como a algunos supervivientes humanos rezagados. Pero, por encima de todo, tendrán que tratar de soportar los inconvenientes de convivir entre ellos.

Así como en la primera entrega las mujeres se iban a un parque de diversiones donde llamaban la atención de una horda de zombies, en esta oportunidad la joven del grupo se va a un complejo hippie que también será acechado por muertos vivientes en un gran clímax final donde se resolverán los conflictos personales y aquella complicada dinámica de grupo. Lo cierto es que la experiencia se hace mucho más entretenida porque ya conocemos los personajes y sus actitudes, al mismo tiempo que se nos introducen algunas incorporaciones interesantes que cumplen el rol de la novedad que componían los protagonistas en la primera entrega. Zoey Deutch personifica a Madison, una chica vegana bastante superficial y con pocas luces que viene a ser un nuevo interés romántico de Columbus frente al abandono de Wichita. Avan Jogia es Berkeley un hippie anti violencia que enamora a Little Rock y la convence de mudarse a la comunidad de pacifistas. Por otro lado, Rosario Dawson compone a Nevada, la dueña de una posada cercana a Graceland, la casa de Elvis Presley, que hará pareja con Tallahasse. Y también se incorporan Luke Wilson y Thomas Middleditch que conforman una pareja muy parecida a la de Harrelson con Eisenberg dando pie a una serie de gags bastante hilarantes.

Quizás se le pueda reprochar al film haber ido a lo seguro en lugar de buscar innovación o algo distinto al haber tenido 10 años para desarrollar esta secuela, no obstante, el resultado es más que digno y comprende un relato disfrutable para los amantes del gore y la comedia por igual. El grado de frescura de la primera que solo tenía como gran antecedente «Shaun of the Dead» (2004), no se logra alcanzar pero los fans quedarán más que satisfechos con la película.

«Zombieland: Double Tap» es una secuela tardía pero efectiva que se nutre de sus intérpretes, del amor de su director por los personajes y el mundo creado y de una serie de recursos intrínsecos bastante ricos y atractivos para explotar.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Martín Goniondzki

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