«Las Chicas del Cable», un final inesperado y emotivo

«Las Chicas del Cable» se estrenó en 2017 como la primera serie española original de Netflix. Desde el principio nos atrapó por traernos una historia de época novedosa, si bien seguía un poco la fórmula de otras producciones del estilo, que mezclaba diversos géneros como el suspenso, el drama y el romance. Nos presentó un grupo variopinto de mujeres que en los años ‘30 en España lucharon por romper con los patrones establecidos de dicha sociedad, encontrar un lugar en el mundo laboral y hacer lo necesario para mantenerse a salvo.

Con el correr de las temporadas la serie fue mutando. Pasamos de centrarnos en un grupo de telefonistas que buscaban su lugar en el mundo a escaparse de la ley, resolver secuestros y hasta hacer planes para liberar presas o mujeres que se encontraban en un campo de concentración en la época de Franco. No podemos negar que cada nueva situación llamó nuestra atención, pero el hecho de volverla tan espectacular y despampanante provocó que caiga en incoherencias y atente contra la credibilidad de la historia. Cada giro impactante logró entretenernos pero no fue suficiente como para que la serie no se sienta demasiado ficcional. Las mujeres conseguían salirse con la suya gracias a su inteligencia y astucia y si bien siempre aparecían nuevos problemas u obstáculos para ponerlas sobre las cuerdas, muchas veces las resoluciones eran simplistas y demasiado optimistas.

El viernes se estrenó la segunda parte de la quinta temporada, que sigue los hechos ocurridos en la primera mitad, donde habíamos avanzado unos años hasta llegar a la Guerra Civil Española. Lidia, que se encontraba viviendo en Estados Unidos, tuvo que volver a España porque Sofía, la hija de Ángeles que ahora estaba bajo su cuidado, viajó a su tierra natal para pelear en la guerra. Fue así como el grupo de amigas se reunió para tratar de salvarla. En el camino, Lidia quedó atrapada en un campo de concentración, dirigido por la que hasta entonces creíamos muerta Doña Carmen. Nuevamente, las chicas del cable harán lo posible para salvarla y terminar con el régimen establecido por esta mujer que no quiere otra cosa que vengarse por el «suicidio» de su hijo.

Al igual que venía pasando con las últimas temporadas, estos últimos cinco capítulos resultaron muy entretenidos, su ritmo no decae en ningún momento, pero no dejan de ser poco creíbles. Si bien existen muchos obstáculos en su camino, las protagonistas logran moverse con gran soltura bajo un régimen complejo y peligroso, a base de obstinación y amor por sus amigas. Siempre están en el momento justo para escuchar los planes del enemigo, saben exactamente qué hacer para conseguir sus objetivos y medianamente los cumplen.

El regreso de Concha Velasco como la antagonista principal en esta segunda parte fue positivo, aunque no se termina de entender cómo burló a la muerte. Es una verdadera enemiga a superar y gracias a su fortaleza y solidez, la actriz logra ganarse el odio del público. Además, se incorporan varios personajes nuevos, principalmente mujeres que se encuentran en el campo de concentración que, a pesar de tener muy pocos capítulos para desarrollar sus historias, consiguieron que podamos empatizar con ellas por su situación y nos interesemos por lo que les pasa.

La ambientación sigue siendo uno de los puntos más altos de la serie, reconstruyendo la época de manera perfecta, junto al vestuario, maquillaje y la utilización de distintos objetos. Los colores llamativos contrastan de forma atinada con el contexto gris y desesperanzador. Además, en este caso tenemos muchos instantes de tensión y suspenso, y la banda sonora acompaña cada uno de ellos acrecentando la historia. A diferencia de otras temporadas, la música moderna no aparece, o al menos no de una manera que nos genere ruido con la época tratada.

Después de cinco años y de todo lo que tuvieron que vivir y superar las protagonistas, era difícil visualizar un final para ellas. Y si bien continuamos acentuando la poca credibilidad de la historia, la resolución fue acorde a la historia que nos venían contando, aunque se sintió bastante inesperado. Seguramente, muchos esperábamos algo más positivo, pero dentro de todo, logró mantener cierto realismo. La emoción no podía faltar, recordando un poco de todo lo que transitaron, y dejando un mensaje optimista y esperanzador para todas aquellas mujeres que luchan día a día por un mundo más igualitario.

En síntesis, «Las Chicas del Cable» fue una serie que fue mutando con el correr del tiempo. Empezó siendo una historia con una atinada mezcla de géneros que nos mostraba la lucha feminista de unas mujeres y que fue transformándose en algo demasiado ambicioso y espectacular para ser verdad. Si bien el entretenimiento y la atención del público siempre estuvo presente, la incoherencia y falta de credibilidad de este tipo de situaciones impidió que la serie mantenga su calidad. De todas formas, destacamos la ambientación de época, los temas que trató y el trabajo de sus protagonistas, que lograron transmitir el amor y la amistad que tanto demostraban en sus actos. 

Tráiler:

 

Samantha Schuster

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