«The Sinner» recuperó su nivel en la cuarta y última temporada

En 2017 se estrenó «The Sinner», un thriller psicológico diferente, impactante y efectivo, que a pesar de haberse pensado como una miniserie, debido a su éxito continuó por tres entregas más. Como sucede siempre con las series antológicas, que en este caso solo tuvo como hilo conductor a su detective Harry Ambrose (Bill Pullman), pero que presentó una historia diferente en cada temporada, tuvimos algunos altibajos. Una segunda entrega que siguió profundizando su misterio y una tercera que decayó bastante con un ritmo pausado y una repetición de conceptos que la volvió monótona y aburrida. Pero por suerte, pudimos tener revancha.

Hace poco se sumó a Netflix la cuarta y última temporada de «The Sinner«, que vuelve a poner el foco en Harry Ambrose, ahora como un detective retirado que viaja junto a su pareja Sonya a la isla de Hannover en el norte de Maine para recuperarse del trauma que le provocó su caso anterior. Sin embargo, allí ocurre una tragedia inesperada, que involucra a la hija de una prominente y poderosa familia local. Al sospechar de que tal vez no se encontraban frente a un suicidio, Ambrose es reclutado para ayudar en la investigación, poniendo patas para arriba la apacible isla como también su propia vida.

Podríamos decir que la cuarta entrega de «The Sinner» vuelve a recuperar su esencia y su efectividad, gracias a que nos ofrece una historia que nos atrapa desde el primer instante, que nos va llevando por distintos caminos y nos va sorprendiendo a medida que aparecen nuevos descubrimientos. Al principio nos encontramos con una atmósfera enrarecida, no sabemos hacia dónde puede ir la historia, pero luego se va aclarando todo y van encajando muy bien las piezas del rompecabezas. En todo momento mantiene un clima de tensión y suspenso, con giros narrativos inesperados que hacen que la trama avance por lugares insospechados.

La serie también aprovecha para ahondar en cuestiones más profundas como la culpa, el suicidio, los traumas con los que cargamos, la desesperación, la depresión, la religión como salvación, el trato hacia los inmigrantes, la falta de oportunidades, la presión familiar, la salud emocional, entre otras cuestiones. A diferencia de la vez pasada, esto no hace que decaiga el ritmo ni mucho menos, sino que se va reflexionando a medida que se investiga qué es lo que pasó.

El concepto pueblo chico, infierno grande se pone a prueba en esta continuación, con pocos personajes que resultan todos sospechosos y guardan varios secretos que poco a poco van saliendo a la luz. El elenco se encuentra muy bien en sus roles, tiñendo de culpabilidad, duda y oscuridad a sus papeles. Esto hace que hasta el final no sepamos quién está detrás del crimen.

Además, se sigue abordando distintas aristas de la vida del protagonista, en esta oportunidad observando el trauma que le quedó luego del caso anterior, dejándolo perturbado, paranoico y con culpa. Pero a pesar de eso su instinto profesional sigue intacto, volviéndolo un personaje tan atractivo como complejo. La soledad y depresión que siente en aquel lugar hace que esté constantemente en peligro y se exponga más de lo debido para encontrar la verdad.

Si bien nada puede superar esa primera temporada perfecta que construyó «The Sinner», su cuarta entrega logra atraparnos, entretenernos, hacer una crítica profunda a la sociedad y mantenernos alerta con un clima de tensión y misterio. Un cierre más que satisfactorio que nos deja con ganas de ver más casos liderados por Harry Ambrose pero que igualmente nos conformamos con haber visto historias bastante sólidas y atrapantes, llenas de suspenso.

Tráiler:

 

Samantha Schuster

 

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