Crítica de «Fue la Mano de Dios» de Paolo Sorrentino (2021)
El director de «La Grande Bellezza» (2013) y «Youth» (2015) nos trae un relato autobiográfico donde narra su adolescencia en Nápoles en el marco de una familia bastante peculiar, y la llegada a su vida de la figura de Diego Armando Maradona durante la década de los ’80 para cambiar la historia de la ciudad e incluso su propia vida.
Netflix viene estrenando varias películas interesantes en los últimos días, ya sea la opera prima de Maggie Gyllenhaal, «The Lost Daughter», la obra que aquí nos convoca, y el más reciente trabajo de Pedro Almodóvar, «Madres Paralelas» que arribará a la plataforma en las próximas semanas. Esto si bien parece algo positivo en primera instancia, también habla del estado de la industria, viendo cómo estas grandes películas no logran a estrenarse en salas a costa de tener que competir con tanques bastante vacíos de contenido y muy similares unos de otros.
«Fue la Mano de Dios» no solo se encuentra entre las historias más destacadas de 2021, sino también entre una de las más personales del director probablemente, ya que sirve para reflejar el amor de Sorrentino por Nápoles, Maradona e incluso por los grandes maestros del cine italiano (especialmente a Fellini).
El largometraje se centra en un chico, Fabietto Schisa (Filippo Scotti), y su familia en la Nápoles de los años ’80, mientras la ciudad estaba bastante convulsionada por los rumores de una posible llegada de Maradona al equipo local. El joven Fabietto comparte esa obsesión con su hermano y su padre, al igual que varios de sus tíos, primos y vecinos. Entre medio de este plano futbolístico, existen algunas tragedias que parecen rondar a la familia entre varias otras cosas. De esta manera, el realizador italiano se propone retratar las dinámicas de las familias napolitanas (más especialmente de la suya) así como también las relaciones afectivas, el dolor, el duelo y también la alegría, para sumergirnos de lleno en su relato más sentido y personal en el que subyacen las vueltas del destino y el amor, entre varias otras cuestiones.
Sorrentino nos ofrece no solo un coming of age estilizado, con una puesta en escena maravillosa, una dirección de fotografía exquisita y un trabajo de guion más que digno, sino que también, se atreve a realizar un comentario bastante acertado de cómo su vida fue atravesada por el astro futbolístico de manera incisiva y taxativa pero a su vez con una sutileza inusitada donde incluso podremos tener algunos «avistamientos» de Maradona pero nunca le veremos el rostro, sino que está ahí de manera tácita y por momentos abstracta pero condicionando cada momento del relato.
La puesta de cámara nos hace transitar por los espacios que frecuenta Schisa y casi que nos incluye/invita a ser testigos privilegiados de los acontecimientos que relata con suma melancolía a través de su mirada nostálgica. «Fue la Mano de Dios» es un relato que sirve a modo de expiación y catarsis para su director, una trama potente y bien construida que si bien parece lidiar en busca de un tono acertado luego del evento más condicionante de la vida del protagonista, logra mantenerse a flote gracias a la sinceridad y la emoción que Sorrentino le imprime a su historia de vida. Un film profundamente conmovedor.
Puntaje:
Tráiler:
Martín Goniondzki

