Un repaso por el cine iraní

El cine en medio oriente siempre tuvo sus particularidades, es por ello que el cine iraní posee características únicas como resultado de su idiosincrasia y su cultura tan distintiva. Igualmente veremos que comparte varios recursos y cosas en común con el resto de las cinematografías producto de las limitaciones/convenciones que trae aparejado el medio audiovisual. Si bien sus comienzos fueron algo sinuosos, hoy en día el cine iraní goza de una amplia aceptación y las producciones cinematográficas de ese país compiten en los grandes festivales y se llevan varios reconocimientos.

INICIOS

Como bien es sabido, en varios países pertenecientes al mundo islámico, los pasatiempos o las diversas formas de entretenimiento fueron, en tiempos pasados, un lujo reservado a personas de cierta clase social más acomodada. El 8 de junio de 1900, con ocasión de un viaje a Europa, el sah de Irán Mozaffar al-Din Sah Kayar asiste a una proyección de un cinematógrafo en Contrexéville, una comuna de Francia. El soberano ordenó a su fotógrafo, Mirza Ebrahim Khan Akkas Bashi, que comprara una cámara Gaumont. Es de esta forma que Irán tendrá su primer contacto con el ámbito cinematográfico. Las primeras películas realizadas en Irán fueron encargadas por el soberano, tales como las cintas sobre los animales del zoológico, las procesiones de Moharram, las fiestas de la corte filmadas y proyectadas por Akkās Bāshi.​

La primera sala de proyección cinematográfica fue inaugurada en noviembre de 1904 por Mirza Ebrāhim Sahhāf-Bāshi. Este, quien había viajado al extranjero, proyectó cortas comedias y montajes de imágenes de actualidad —obtenidos principalmente en Odesa y en Rostov del Don— durante un mes. Mehdi Rusi Khān, de origen inglés y ruso, era un antiguo fotógrafo de la corte de Mohammad Alí Shah Qayar. Él compró un proyector y quince películas a Pathé, una sociedad fundada en Vincennes, para organizar proyecciones en el harén real alrededor de 1907. Luego, abrió una sala con una capacidad para alrededor de 200 espectadores en el centro de Teherán. Organizó todas las tardes proyecciones de comedias francesas y de películas de actualidades.

A partir de 1920, el número de salas comienza a aumentar, tanto en Teherán como en provincia. En 1925, se abre el Grand Sinemā, con una capacidad para 500 espectadores, en el Grand Hotel de Teherán situado en la calle Lalezār.

El cine en Irán estaba, en principio, reservado a los hombres, como era de esperar de parte de una cultura extremadamente machista. En 1928, se abren salas reservadas para mujeres, pero no son rentables comercialmente y cierran rápidamente. El mismo año ven la luz las salas mixtas: hombres y mujeres entran en la sala por puertas separadas y se sientan a cada lado del recinto. Los empleados y la policía son encargados de velar por la presencia de “mujeres no castas” y de “hombres jóvenes corrompidos”.

Las primeras películas iraníes son las películas de Khan Baba Mo’tazedi, quien había trabajado como camarógrafo para Gaumont en Francia. Él filmó las escenas de la Majles-e Mo’assessān (Asamblea constitucional) en 1925 y la coronación de Reza Shah en 1926. Avanes Ohaniān llega a Irán en 1930 después de su aprendizaje en la industria del cine en Rusia. Funda una escuela de actores de películas (Parvareshgāh-e artist-e sinemā) dirigida a hombres y mujeres jóvenes. En 1931, dirige a sus estudiantes en lo que será el primer largometraje de ficción del cine iraní: «Ābi o rābi», una comedia, remake de una serie danesa con los actores Harald Madsen y Carl Schenström. Esta película, filmada con movimiento y efectos especiales, fue un éxito.

Ebrahim Moradi fue otro pionero del cine iraní. Supuestamente trabajó para la organización soviética filmográfica llamada Mezhrabpom y filmó su primera película en 1930, «Enteqam-e Baradar», que deja inacabada. Seguidamente, ingresa a la escuela de cine fundada por Ohanian y produce «Bu’l Havas» en 1934. Esta película que no tuvo el éxito comercial pero introdujo una convención que va a perdurar en el cine iraní: el contraste entre el campesino que trabaja arduamente y el hombre malsano de la ciudad.

INDUSTRIA CINEMATOGRÁFICA IRANÍ

En la década de 1950 se desarrollan las bases de lo que va a ser la industria cinematográfica iraní: entre 1949 y 1954, se producen 58 películas en Irán. En 1958, 22 compañías de producción filman en dicho país. La moda de las películas comerciales de esta época era imitar las ficciones producidas en Turquía, Egipto y, particularmente, en la India. Así, se insertan secuencias cantadas y bailadas, a veces a color. Las películas producidas durante este período adoptan un género de nivel nacional, la película fārsi: un melodrama popular donde se encuentra una dosis variada de secuencias de cantos, bailes, peleas y donde el final feliz debía siempre triunfar.

Es igualmente después de la Segunda Guerra Mundial que se funda el primer festival de cine en Irán. En diciembre de 1949, se establece la Kānun-e melli-e film (Sociedad Nacional de cine iraní) como club y librería de cinéfilos en el Museo de Arqueología de Irán. Sus miembros organizan el primer festival de cine en Irán, en el que proyectan películas británicas en 1950 y películas francesas en 1951. La Sociedad Nacional de Cine Iraní establece las bases de las películas alternativas y no comerciales en Irán.

ACTUALIDAD

Luego de la revolución iraní, el cine atravesó por un largo proceso de cambios. Las autoridades promovieron entonces la creación de un cine islámico. Durante este período, el amor y las mujeres desaparecieron de la pantalla y se multiplicaron las películas que ponían en escena a niños. Las autoridades del nuevo régimen iraní, por intermedio del Ministro de la cultura y de la orientación islámica —dirigido por Muhammad Jatami entre 1982 y 1992—, buscó desarrollar un cine nacional conforme con su visión ideológica. La Fundación de cine Farabi, una organización semi-gubernamental, proveyó de financiamiento a los cineastas. Según Ziba Mir-Hosseini, el estreno de «Nobat-e Asheghi», de Mohsen Makhmalbaf, marcó un giro en la historia del cine iraní post-revolucionario: su trama puso en escena a una historia de amor romántica. Esta película solo fue proyectada en el festival de cine de Fajr y provocó intensos debates en la prensa. En el mismo período, mujeres productoras empezaron a hacer películas con personajes femeninos que tratan sobre el amor.

Martín Goniondzki

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